¡Bueno, voy a estrenar blog! Estoy radicada en la Patagonia desde hace 39, casi 40 años. Vine a comenzar de nuevo, sin conocer a ninguna persona, ni el lugar ¡Nada! Clima diferente y nueva vida. Por primera vez viviría sola. Fue toda una experiencia, pero a pesar de momentos difíciles como los que pasa toda persona, la alegría y la emoción de haber encontrado mi lugar en el mundo, me hace recordar los hechos positivos.
Escribo, se dice que soy escritora, pero simplemente realizo lo que hice durante toda mi vida: escribir. Ya había descubierto mi nuevo lugar de residencia, ¡tan diferente a mi ciudad natal! que es un concurso, me animé por primera vez en mi vida a participar de un Concurso Literario. Envié una prosa poética, que hasta la actualidad quiero mucho, porque rememoro mis primeros contactos con costumbres, modalidades, clima, sociedad, etc... de esta querida Patagonia.
Esta edificación está situada en Sierra Vieja, donde estuvo el primer asentamiento de nuestra ciudad Sierra Grande, Río Negro, Patagonia Argentina. Allí funciona el Museo Duamm Ruca. Como se puede observar estamos rodeados de cerros que como enormes gigantes dormidos, nos custodian y protegen de fuertes vientos y de violentos temporales.
Mi sueño, Patagonia.- de Ada Ortiz Ochoa.
¿Sabes cómo te anhelé? Desde niña. Te imaginaba como una
gran madre. Una matrona. Acostada. Apoyada la cabeza en una mano. Pensativa.
Misteriosa. Esperando.
Yo supe desde niña, que mis pasos me conducirían hasta mi
sueño. Dios lo quiso, ¡ y aquí llegué! A comenzar de nuevo. ¡Menuda tarea!
¡Casi nada!
Con un pequeño cochecito al que llamaba Tristán, como el
héroe de una novela recién leída, además de voluntad y coraje...traía un poco
de todo, ¡ pero en la práctica era un poco de nada!
Si traía un calentador...¡ me faltaba la sartén! Tenía
frazadas y me faltaba la cama. Traía unas chinelas paquetas, pero el baño
quedaba al descampado y debía, por el frío, vestirme como para ir al polo.
Pero dije que había coraje y todo lo tomaba con buen ánimo
y excelente disposición.
Mi barrio se llamaba La Loma. ¿Por qué La Loma? Yo no había
visto nada al llegar, porque era de noche. En cuanto hice las primeras salidas,
ya me ubiqué topográficamente hablando. ¡La Loma!
Bloques grises, tierra, mucha tierra. Pensaba para mis
adentros:
“ ¡Esto es Tierra Grande y
no Sierra Grande !”
¡Cuánto cielo para mirar! A veces de color gris. ¡Otra vez
gris! como los bloques...pero de tierra.
Otras veces, celeste. ¡muy celeste, como un mar! ¡Enorme!
Con pequeños navíos de nubes, surcados esporádicamente por gaviotas o por loros
apurados como comadres con un chisme.
Caminé calles y calles. Una casa sin terminar. La otra
también. ¡Y la de más acá! A la que le habían pintado la puerta, le faltaba la
ventana. La que tenía verja, era media verja, porque los bloques no alcanzaron
y quedó mostrando agujeros negros, como una boca a la que le faltaban dientes..
¡Todo un pueblo sin terminar!
En medio de las piedras, y cuántas piedras, y de la tierra,
de vez en cuando y especialmente en las esquinas, ¡una punta de hierro
asomando! y yo, inevitablemente allí tropezaba. Mirando esos insolentes
hierros, en chanza pensaba:
¿ Y si tiro de uno de ellos
y se hunde el pueblo?-
Así, fui descubriendo a “ mi pueblo”. Con grises y
celestes, con noches negras y días claros. Con amarillo de sol ¡y esa verde
esperanza mía! Porque la esperanza es siempre verde, porque cuando madura ya es
realidad y no esperanza.
Tenía trabajo. Me sentía bien. Gris, celeste cielo, verde
verde, blanco de nubes, negra noche...¡todo se fue convirtiendo:
“¡El mundo que me rodeaba!”
¿Pero qué pasaba con su gente? A los primeros que vi,
realmente, fueron los niños. Caritas llenas, algunas flacas. Ojitos negritos
como uvas, otros más claritos, ¡todos asombrados! Vi niños bien vestidos, pero
muchos con carencias, de ropas, de atención, de alimentos, de amor. ¡Muchos
niños! Parecían multiplicados.
¡De pronto! ya no era solo gris, celeste cielo, blanca
nube, negra noche...¡Era el estallido! ¡Rojos, azules, naranjas y violetas!
¡Todos los colores! Porque los sentimientos que animan a la gente son así de
variados.
Con sus habitantes, para mí recién descubiertos, descubrí
la vida. Amé sus luchas, respeté su dolor, su cansancio, y a veces, a su
desesperanza y a su renuncia. Admiré su alegría, su humor. Voluntades como la
mía, de seguir adelante dejando atrás, ¡muy lejos! otra tierra, otro pago en el
que quedaron jirones de vida, familiares, recuerdos e historias.
Conocí a los hijos de esta tierra, con el rostro tallado de
renuncias, de despojos, de ingratitudes.
Con los años, viviendo siempre en La Loma, ya en mi casa y
no en esa primera habitación que alquilé al llegar, ya tenía mi pedacito de
historia en este Sierra Grande que amo tanto.
Porque aprendí a querer el lugar donde vivo, aquí en esta
bendita Patagonia. Así como empecé a conocer y a amar a su gente, así quiero a
mi localidad que está como una señorita, ya con sus calles mejoradas y con más
familias arraigadas. El tiempo la remozó y los que tenemos varios aquí, notamos
la diferencia. Sabemos que a todos recibió esta tierra generosa y que junto a
los nativos, señores de esta tierra, y de los primeros pobladores, estamos
haciendo historia, ¡y qué mejor si la seguimos haciendo amando lo que hacemos!
Rojos, verdes, azules, celestes cielos, blancas nubes, gris
de bloques, negras noches…
.¡Te quiero,
Patagonia!
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Este, mi primer trabajo literario (¡!), obtuvo Mención en
Prosa Poética., en la Muestra de Trabajos Literarios de la Biblioteca R.
Novillo.- Sierra Grande .- Río Negro.-año 1990.-
Los requisitos eran, que debía referirse a la localidad y a
su historia.