Ada Ortiz Ochoa (Negrita, la de Sierra Grande)

viernes, 21 de julio de 2017

Sierra Grande, crece,

Sierra Grande, crece.
Como todo en la vida, va cambiando. Si vivimos nuestros días con "algo" de expectativa, con mucho de curiosidad y alegría, hará que todo nos vaya asombrando. Cumplo años, como todos, me pasan y me han pasado cosas diversas como les ocurre a todos los seres vivos. Ocurre con la naturaleza, con las ciudades, el país, el mundo, mi patio, mi vereda.... También mis pensamientos y mi imaginación que no decae. ¡Todo es vida!
       En oportunidades estamos nostálgicos y extrañamos a seres queridos que desde otra dimensión, cuidan de nosotros. Pero no alcanza a ser depresión, mejor dicho, yo no conozco la depresión, ni las cosas vividas me han convertido en una persona amargada. 
       Mis padres, Baldomera y Marcos, la primera es un trabajo a lápiz que realicé, ya que me formé como retratista. La segunda imagen, una fotografía.



La soledad se vive, en mi caso es así. Tenemos momentos de tristeza como es lógico, por ése motivo escribí lo que sigue.
                                    Ausencia
Ausencia
cómo dueles ausencia
aún más en primavera.
…pero en el ocaso
¡maldita!
sabes a muerte.

Ada Ortiz Ochoa (Negrita)


Mi padre era conversador y contaba anécdotas e historias con amenas descripciones. Mi mamá Baldomera, hablaba poco aunque siempre
demostraba dulzura y alegría... pero tenía sus 
silencios. Estados de ánimo, como mi localidad de Sierra Grande.
Por un lado somos muchos los ancianos y por el
otro lado se destaca la juventud y padres muy jóvenes
con sus hijitos, le dan un toque colorido a Sierra Grande.
    Son muchos los coches modernos, la edificación 
progresa a nivel particular, se levantan casitas allá y por
 acá, se reforman techos, se hacen habitaciones en la planta
alta,... ¡Bueno! Hay vida y esperamos que esto siga en Paz,
Por ese motivo el pueblo está diciendo que NO a la Central
Nuclear que se proyecta instalar. Después les cuento más.


miércoles, 19 de julio de 2017

Sierra Grande, localidad de Río Negro, Patagonia Argentina, es mi lugar de residencia. Está rodeada de cerros, que nos protegen de las embestidas de los vientos. Está una buena parte de la Patagonia cubierta de nieve, en cambio acá tuvimos tres días de sol radiante, que aunque hizo frío, nos protegió de marcas bajo cero.                                                    

Calle céntrica. Nuestra tranquila localidad te permite vivir sin los sobresaltos comunes en la grandes ciudades. Pero hay actividad cultural  y deportiva. En la parte cultural hay diversidad, como danzas, pintura, talleres artesanales. Hubo cursos de tallado de piedras ya que nuestra zona es rica en variedades de piedras como fluorita, hierro, pórfido, etc...
 En mi trabajo de escritora he mencionado en  variadas oportunidades a los hermosos cielos Patagónicos. Libres de edificaciones que impiden mirar el cielo, nosotros disfrutamos de escenas maravillosas que nos hablan de la grandeza del universo.
 Luego de la recuperación del cóndor andino, tenemos el privilegio de admirar el vuelo majestuoso de algún cóndor, allá, muy alto, planeando y dejándose llevar por los vientos.
Emociona por grandeza y libertad.


                                                                                                                                                                La Casa de la Cultura de Sierra Grande frente a
una gran bajada pintoresca, adornada por la 
edificación  a distintos niveles.
Allá, al fondo, los cerros nevados, brillantes de sol.
¿Conoces Sierra Grande? Está atravesada por
la Ruta 3 y a 28 km están las muy hermosas
Playas Doradas, un paraíso en medio de la
aridez Patagónica.
                                      

lunes, 17 de julio de 2017

¡Bueno, voy a estrenar blog! Estoy radicada en la Patagonia desde hace 39, casi 40 años. Vine a comenzar de nuevo, sin conocer a ninguna persona, ni el lugar ¡Nada! Clima diferente y nueva vida. Por primera vez viviría sola. Fue toda una experiencia, pero a pesar de momentos difíciles como los que pasa  toda persona, la alegría y la emoción de haber encontrado mi lugar en el mundo, me hace recordar los hechos positivos.
     Escribo, se dice que soy escritora, pero  simplemente realizo lo que hice durante toda mi vida: escribir. Ya había descubierto mi nuevo lugar de residencia, ¡tan diferente a mi ciudad natal! que es un concurso, me animé por primera vez en mi vida a participar de un Concurso Literario. Envié una prosa poética, que hasta la actualidad quiero mucho, porque rememoro mis primeros contactos con costumbres, modalidades, clima, sociedad, etc... de esta querida Patagonia.

     Esta edificación está situada en Sierra Vieja, donde estuvo el primer asentamiento de nuestra ciudad Sierra Grande, Río Negro, Patagonia Argentina. Allí funciona el Museo Duamm Ruca. Como se puede observar estamos rodeados de cerros que como enormes gigantes dormidos, nos custodian y protegen de fuertes vientos y de violentos temporales.

Mi sueño, Patagonia.-  de Ada Ortiz Ochoa.

¿Sabes cómo te anhelé? Desde niña. Te imaginaba como una gran madre. Una matrona. Acostada. Apoyada la cabeza en una mano. Pensativa. Misteriosa. Esperando.
Yo supe desde niña, que mis pasos me conducirían hasta mi sueño. Dios lo quiso, ¡ y aquí llegué! A comenzar de nuevo. ¡Menuda tarea! ¡Casi nada!
Con un pequeño cochecito al que llamaba Tristán, como el héroe de una novela recién leída, además de voluntad y coraje...traía un poco de todo, ¡ pero en la práctica era un poco de nada!
Si traía un calentador...¡ me faltaba la sartén! Tenía frazadas y me faltaba la cama. Traía unas chinelas paquetas, pero el baño quedaba al descampado y debía, por el frío, vestirme como para ir al polo.
Pero dije que había coraje y todo lo tomaba con buen ánimo y excelente disposición.
Mi barrio se llamaba La Loma. ¿Por qué La Loma? Yo no había visto nada al llegar, porque era de noche. En cuanto hice las primeras salidas, ya me ubiqué topográficamente hablando. ¡La Loma!
Bloques grises, tierra, mucha tierra. Pensaba para mis adentros:
“ ¡Esto es Tierra Grande y no Sierra Grande !”
¡Cuánto cielo para mirar! A veces de color gris. ¡Otra vez gris! como los bloques...pero de tierra.
Otras veces, celeste. ¡muy celeste, como un mar! ¡Enorme! Con pequeños navíos de nubes, surcados esporádicamente por gaviotas o por loros apurados como comadres con un chisme.
Caminé calles y calles. Una casa sin terminar. La otra también. ¡Y la de más acá! A la que le habían pintado la puerta, le faltaba la ventana. La que tenía verja, era media verja, porque los bloques no alcanzaron y quedó mostrando agujeros negros, como una boca a la que le faltaban dientes.. ¡Todo un pueblo sin terminar!
En medio de las piedras, y cuántas piedras, y de la tierra, de vez en cuando y especialmente en las esquinas, ¡una punta de hierro asomando! y yo, inevitablemente allí tropezaba. Mirando esos insolentes hierros, en chanza pensaba:
¿ Y si tiro de uno de ellos y se hunde el pueblo?-
Así, fui descubriendo a “ mi pueblo”. Con grises y celestes, con noches negras y días claros. Con amarillo de sol ¡y esa verde esperanza mía! Porque la esperanza es siempre verde, porque cuando madura ya es realidad y no esperanza.
Tenía trabajo. Me sentía bien. Gris, celeste cielo, verde verde, blanco de nubes, negra noche...¡todo se fue convirtiendo:
“¡El mundo que me rodeaba!”
¿Pero qué pasaba con su gente? A los primeros que vi, realmente, fueron los niños. Caritas llenas, algunas flacas. Ojitos negritos como uvas, otros más claritos, ¡todos asombrados! Vi niños bien vestidos, pero muchos con carencias, de ropas, de atención, de alimentos, de amor. ¡Muchos niños! Parecían multiplicados.
¡De pronto! ya no era solo gris, celeste cielo, blanca nube, negra noche...¡Era el estallido! ¡Rojos, azules, naranjas y violetas! ¡Todos los colores! Porque los sentimientos que animan a la gente son así de variados.
Con sus habitantes, para mí recién descubiertos, descubrí la vida. Amé sus luchas, respeté su dolor, su cansancio, y a veces, a su desesperanza y a su renuncia. Admiré su alegría, su humor. Voluntades como la mía, de seguir adelante dejando atrás, ¡muy lejos! otra tierra, otro pago en el que quedaron jirones de vida, familiares, recuerdos e historias.
Conocí a los hijos de esta tierra, con el rostro tallado de renuncias, de despojos, de ingratitudes.
Con los años, viviendo siempre en La Loma, ya en mi casa y no en esa primera habitación que alquilé al llegar, ya tenía mi pedacito de historia en este Sierra Grande que amo tanto.
Porque aprendí a querer el lugar donde vivo, aquí en esta bendita Patagonia. Así como empecé a conocer y a amar a su gente, así quiero a mi localidad que está como una señorita, ya con sus calles mejoradas y con más familias arraigadas. El tiempo la remozó y los que tenemos varios aquí, notamos la diferencia. Sabemos que a todos recibió esta tierra generosa y que junto a los nativos, señores de esta tierra, y de los primeros pobladores, estamos haciendo historia, ¡y qué mejor si la seguimos haciendo amando lo que hacemos!
Rojos, verdes, azules, celestes cielos, blancas nubes, gris de bloques, negras noches…
.¡Te quiero, Patagonia!

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Este, mi primer trabajo literario (¡!), obtuvo Mención en Prosa Poética., en la Muestra de Trabajos Literarios de la Biblioteca R. Novillo.- Sierra Grande .- Río Negro.-año 1990.-

Los requisitos eran, que debía referirse a la localidad y a su historia.