Ada Ortiz Ochoa (Negrita, la de Sierra Grande)

jueves, 14 de septiembre de 2017

¡No te cambio Patagonia!

El cierre de la Mina de Hierro en el año 1992 y el éxodo que se produjo, dejó la sensación de que nada sería como antes, fue un golpe tremendo para todos nosotros. Yo estaba trabajando en la Escuela Nº 60 "Mineros Rionegrinos", esta Escuela fue llamada así porque se creó para la población que dependía de la Empresa.
       El Barrio HIPASAM, reunía diferentes grupos de edificios. Las A, eran casitas blancas que habían sido edificadas en hileras, estas viviendas eran ocupadas por determinada jerarquía (baja) de empleados. Estaban las F, inmuebles con más jerarquía de acuerdo al status de los empleados que las ocupaban Tenían techos verdes. En otro grupo estaban los Modulares Villa, Eran monoblocks excelentes, creo que eran de tres plantas, también para determinado grupo trabajadores.
     Por último estaban las D y las D Primas, se las conocía como el Barrio de los "Capos", Casas amplias con patios y jardines. Todos los grupos de casas estaban amueblados y con todos los servicios que se necesitaban para vivir cómodamente.
     No todos supieron cuidar el momento económico que vivían. Los previsores, aprovecharon los privilegios que recibían como empleados jerárquicos. Edificaron en el lugar que les resultó conveniente, cimentaron su economía pensando en un futuro protegido.
     Otros, se encontraron habitando viviendas confortables,  con las que nunca habían soñado poseer. No todos, pero a muchos se les fue el humo a la cabeza y no pensaron que el trabajo peligroso y dañino de la mina podría terminar con sus proyectos futuros de un plumazo.
     Los comerciantes aprovecharon la cantidad de familias que diariamente se surtían de sus negocios... pero..., estábamos "los otros". Los que no dependíamos de la actividad minera, éramos los del pueblo. No siento  ni una pizca de envidia de no haber integrado ese grupo privilegiado.
         La gente del pueblo, no "se la creyó nunca" a ésta época dorada. Y bloque a bloque con sueldos magros y mucho sacrificio, levantamos nuestras modestas viviendas.
          Pagábamos en los comercios los precios elevados que eran para los empleados de la Minera, y ganábamos mucho menos. Hubo muchos lugareños que también eran mineros, pero con diferentes categorías. Realizaban los trabajos más peligrosos, con bajos sueldos y precaria seguridad. Lloramos a muchos y sentíamos en nuestros corazones las vidas perdidas y el aullar de las sirenas anunciando un derrumbe o un accidente, nos erizaba la piel como a todos.

Cuando ya mi casita iba tomando forma,  siempre en el Barrio
La Loma, Sierra Grande. Provincia de Río Negro, Patagonia
Argentina. Año 1988-
Mi casa la fui planificando agregándole habitaciones a esa primera que ocupé, la más chica de la casa. la ventana daba a la cocina y todavía se mantiene en el mismo lugar. La puerta pasó a ser entrada, a partir de allí se agregó el garage. Mi gatita me esperaba cuando volvía del trabajo. Este querido animalito me acompañó muchos años, casi 20. No sabía que algunos gatos pueden vivir tanto tiempo.
     Levantar mi casa me llevó mucho tiempo, como muchos otros construía "a lo pobre". Primero compraba el material, podía llevarme un mes o dos. Recién entonces el albañil comenzaba a trabajar.
Con mi papá Marcos, cuando veían a visitarme desde Río
Cuarto, Córdoba. El antiguo Barrio La Loma, sin la edificación
que puede mostrar hoy. Ahora hay postes de alumbrado en
todas las calles. Antes el alumbrado era deficiente.
      Muchos años en los que voluntariamente vivía sola, realicé dos o tres turnos. Siempre tuve mi coche hasta que llegó la ancianidad, eso me facilitaba poder cumplir horarios exigentes, salir tarde de mi trabajo y regresar sin riesgos a mi casa.
     Duros inviernos, mucho trabajo, pero la soledad no me pesó nunca. Tengo gran capacidad para llenar espacios con tareas gratas. Pero no había mucho tiempo para ocio o paseos. Con frecuencia había telones, murales, pizarrones, etc... y ésto llevaba tiempo. Carpetas de tareas, registro, correcciones, reuniones de capacitación y eventos escolares y todo el  bagaje de tareas que cumple un maestro diariamente.
     Todo lo he hecho con responsabilidad, pero tenía el trabajo extra de adelantar mi "casita" y también sacar yuyos para convertir ese lote de tierra sin cultivar en el refugio que ansiaba tener.
     En la foto, se ve el coche que tenía en ese momento. Primero tuve mi cochecito azul, al que llamé "Tristán" como el protagonista de una novela recién leída. Con "Tristán" vine desde Río Cuarto hasta llegar a lo que sería mi nueva residencia Y lo sigue siendo, ya pasaron cuarenta años desde mi llegada. El                                                                                              coche de la foto es un Fiat 1600,  lo mantuve
 La primera vez que tuve suplencia larga de un Año Escolar. Mi
alegría de poder guiar bajo mi responsabilidad a un 3ª grado,
en la Escuela Nº 62. Antes había tenido suplencias cortas.
 por muchos años. Fue mi fiel compañero, tanto me sirvió para todos mis tareas, como para traer bolsas de cemento, cal y muchos otros materiales que se podían transportar. A tono con el lugar que habité lo denominé "Camaruco".
     Así fue pasando mi vida, con esperanzas, con seguridad laboral, con mucha paz, alegría  y tranquilidad,  disfrutando del esfuerzo de seguir aportando modificaciones y adelantos a mi casa. A pasitos de tortuga pero con la determinación de cumplir mi sueño, que fue saber que podría construir  "mi lugar", hasta entonces no sabía si era capaz de hacerlo.   

2 comentarios:

  1. Muy agradable y ameno tu relato Negrita. Con responsabilidad, sacrificio y laboriosidad le fuiste dando forma a tus sueños. Un cálido abrazo patagónico.

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    1. ¡Gracias Griselda! Tengo una memoria notable a pesar de mi edad (84) y reconozco que los habitantes, todos, somos parte de la historia de este lugar. Me gustaría escribir mucho más pero estoy un poco limitada físicamente, además realizo lo que puedo hacer en tareas domésticas y te aseguro que no me alcanza el tiempo. Besos

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